Emilia Clarke sufrió dos aneurismas cerebrales que pudieron acabar con su vida mientras trabajaba en los primeros ciclos de Game of Thrones. El primero apareció en 2011, obligándola a someterse a cirugía de urgencia y pasar un mes hospitalizada; el segundo ocurrió dos años después cuando detectaron un segundo aneurisma que requirió otra operación compleja. Clarke describe el proceso como aterrador, y hoy trabaja con la organización SameYou para ayudar a personas que enfrentan lesiones cerebrales.