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Su nombre era Keiko, y en 1993 se convirtió en «Willy», la estrella de una de las películas más taquilleras del año

Esta orca cambió para siempre nuestra forma de ver a los animales en cautiverio, protagonizando una odisea que costó 20 millones de dólares y captó la atención del mundo entero.

Su nombre era Keiko, y en 1993 se convirtió en «Willy», la estrella de una de las películas más taquilleras del año. Pero cuando las cámaras dejaron de grabar, millones de niños descubrieron una verdad desgarradora: mientras la orca ficticia nadaba libre en el océano, Keiko languideció en un tanque pequeño en Ciudad de México, con úlceras estomacales, verrugas cutáneas y pesando 900 kilos menos de lo normal.

La ironía era demasiado cruel para ignorarla.

Lo que sucedió después nunca había ocurrido en la historia: el primer intento serio de devolver una orca cautiva durante más de 20 años a su hogar en el océano. En 1996, Keiko fue transportado en avión a Oregón, donde comenzó su rehabilitación. Tuvo que reaprender todo: cómo aguantar la respiración más de 3 minutos, cómo cazar peces vivos, cómo fortalecer su cuerpo debilitado.

Dos años después, regresó a Islandia, exactamente al mismo lugar donde había sido capturado 23 años antes. Y en 2002 ocurrió algo extraordinario: durante un ejercicio de entrenamiento, Keiko decidió seguir a un grupo de orcas salvajes y simplemente… se fue. Nadó 1,400 kilómetros solo hasta Noruega, demostrando una capacidad de navegación que nadie sabía que conservaba.

Los críticos dijeron que fracasó porque nunca se reintegró completamente con otras orcas. Pero Keiko pasó sus últimos 5 años nadando en océanos abiertos, eligiendo acercarse a humanos cuando quería, buceando a profundidades que ningún tanque podría ofrecer jamás. Y murió libre en 2003, en una bahía noruega, de neumonía aguda.

Fuente: Animales queridos

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Laura Franco

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