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El día que Barry Gibb (Bee Gees) echó a Michael Jackson de su casa, después de hacer una canción juntos.

En 2002, Michael Jackson no buscaba escenarios ni aplausos. Buscaba algo más difícil de encontrar: un refugio. En medio del ruido mediático, las acusaciones, los juicios y las miradas que ya no sabían distinguir al artista del mito, Michael tocó la puerta de Barry Gibb. No como el Rey del Pop, sino como un hombre cansado, necesitado de amistad, de alguien que lo viera sin etiquetas.

Barry lo recibió con cariño. Compartieron tardes, ideas, melodías. En ese rincón de paz, nació All in Your Name, una canción que hablaba de entrega, de hacer todo por amor, por los fans, por la música. Michael la escribió como un mensaje: “Lo hice todo por ustedes”. Pero también, quizás, como un susurro a sí mismo, intentando recordar por qué seguía luchando.

Sin embargo, la realidad pesaba. Barry, padre de familia, rodeado de niños, sintió que el torbellino que rodeaba a Michael podía arrastrarlo también. No lo rechazó con dureza, pero le pidió que se fuera. “No sé a dónde irás, pero tienes que irte”, le dijo. Y Michael se fue. Sin escándalo. Sin reproches. Todo en su nombre.

La ironía es brutal. La canción que hablaba de amor y entrega terminó marcando una despedida. Michael, que lo dio todo por los demás, se fue solo. Y aunque Barry lo quiso, lo admiró, lo acompañó en su arte, no pudo ser el amigo que Michael necesitaba en ese momento.

🎤 All in Your Name no fue solo una colaboración musical. Fue el testimonio de una amistad breve, intensa, y rota por las circunstancias. Fue el eco de un hombre que, incluso en su dolor, seguía creando belleza.

Hoy, al escuchar esa canción, no solo oímos dos voces legendarias. Oímos a Michael diciendo, con el alma en la garganta: “Lo hice todo por ustedes. Incluso alejarme.”

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Laura Franco

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