Una mujer colombiana llamada Miryam, de 67 años, sorprendió a todo el mundo con su particular negocio.
No ofrece servicios exclusivos ni vende productos costosos, pero aún así se las ha ingeniado para comprar dos casas.
¿Cómo? Vendiendo chismes de sus propios vecinos.
La mujer, que siempre ha estado atenta a lo que se murmura en su barrio, quiso profesionalizar su capacidad de intuición y escucha, y empezó a cobrar por entregar la información a los demás.
Según ella, el valor de cada chisme varía según su importancia, y también recibe una amplia demanda en su servicio de “guardar secretos”, el que genera la misma cantidad que los propios chismes.


